Japan Brief/FPC, No. 0696

 

26 de diciembre de 2006

 

 

El Consejo de Seguridad adopta una resolución de sanciones contra Irán por el problema nuclear

 

El pasado 23 de diciembre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad una resolución de sanciones contra Irán por el problema nuclear. El anuncio de sanciones concretas contra Irán llega después de muchas vacilaciones durante los 10 meses posteriores a febrero de 2006, mes en el que le fue confiado al Consejo de Seguridad el asunto de la respuesta al problema del desarrollo nuclear de Irán. Con esta resolución, puede afirmarse que el problema del desarrollo nuclear iraní ha alcanzado un cierto punto de inflexión. Los cinco periódicos de tirada nacional se ocupaban del asunto de la resolución en sus editoriales, en los que analizaban la eficacia del contenido de la resolución y comentaban sobre cómo poner fin a las sospechas suscitadas por el desarrollo de armas nucleares por parte de Irán.

 

La resolución es fruto de la complejidad de los acontecimientos

Como se explicaba en el Japan Brief del 6 de septiembre de 2006, titulado “Irán rechaza virtualmente la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU”, las relaciones entre la comunidad internacional e Irán con respecto al programa de desarrollo nuclear de este último ha discurrido por una senda compleja. En esencia, el deber de investigar las sospechas de proliferación nuclear se ha puesto en manos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), pero, en febrero de 2006, la AIEA puso el problema iraní en manos del Consejo de Seguridad, principalmente porque Irán se negaba a cooperar durante las inspecciones.

 

El 31 de julio, el Consejo de Seguridad adoptó una resolución de advertencia contra Irán. Para obligar a Irán a, entre otras cosas, suspender las actividades de enriquecimiento de uranio, tal y como exigía la AIEA, aquella resolución estipulaba medidas de conformidad con el Artículo 40 del Capítulo VII de la Carta de la ONU (sobre medidas provisionales para impedir el empeoramiento de una situación) y, si Irán no acatase las exigencias de la resolución antes del 31 de agosto, expresaba, con toda claridad, la intención del Consejo de Seguridad de tomar las medidas apropiadas según lo estipulado por el Artículo 41 del Capítulo VII (sobre medidas de obligado cumplimiento, entre las que no se incluye el uso de la fuerza armada, pero sí las sanciones económicas).

 

Irán virtualmente despreció la resolución de advertencia y siguió con el enriquecimiento de uranio y demás actividades que podrían estar relacionadas con el desarrollo de armas nucleares. Por este motivo, los países más importantes continuaron con sus deliberaciones extraoficiales con el objetivo de formular un borrador de resolución sobre sanciones contra Irán de acuerdo con el Artículo 41. Sin embargo, los debates se toparon con dificultades debido a un conflicto de opiniones entre Estados Unidos y los países europeos, que insistían en la pronta adopción de una firme resolución, y China y Rusia, que se oponían a dicha resolución. Al final, se pudo formular un borrador de resolución que satisfacía en gran medida la insistencia de estos dos últimos países, y fue este borrador el que fue adoptado el 23 de diciembre.

 

Los editoriales instan a Irán a que respete la resolución

El hilo común presente en casi todos los editoriales de los periódicos japoneses era su llamamiento a Irán para que acatara la resolución del Consejo de Seguridad. El editorial del Yomiuri Shimbun (edición del 25 de diciembre) manifestaba: “En lugar de ceder a las peticiones internacionales para detener el enriquecimiento de uranio, Irán ha aumentado y acelerado su programa nuclear. Al Consejo de Seguridad no le quedaba otra alternativa sino la de presionar a Irán con la imposición de sanciones para obligar a la república islámica a detener sus actividades nucleares. La resolución obliga a Irán a poner fin a sus actividades de enriquecimiento y reprocesado de uranio, así como a la construcción de reactores de agua pesada. Prohíbe a los países miembros de la ONU a comerciar o a transferir a Irán aquellos materiales y tecnologías que pudieran contribuir a desarrollar sus programas nucleares y de misiles. La resolución también exige a todos los estados miembros que congelen los activos financieros de particulares y de organizaciones implicados en la proliferación nuclear y de misiles de Irán. La resolución del Consejo de Seguridad le daba a Irán 60 días para cumplir con sus exigencias. En el supuesto de que Irán no acate esto, la resolución advierte que el organismo mundial tomaría ‘otras medidas más apropiadas’”. Y añadía: “Si Irán se empeña en seguir con su actitud desafiante, la comunidad internacional habrá de permanecer unida”.

 

El Nihon Keizai Shimbun (Nikkei, edición del 26 de diciembre) también advertía: “En Irán, el presidente Mahmoud Ahmadinejad ha calificado a la resolución de ‘pedazo suelto de papel’ y de nuevo ha significado una política concebida para incrementar el enriquecimiento de uranio. Irán dice que la acumulación del enriquecimiento de uranio y de las tecnologías relacionadas se está realizando con fines pacíficos. Pero debido a que en el pasado ya impulsó el desarrollo nuclear de forma secreta, a que el objetivo de las declaraciones del presidente es avivar el nacionalismo del desarrollo nuclear, etcétera, Irán está perdiendo la confianza internacional. Si Irán se empeña en continuar con el desarrollo nuclear, lo único que conseguirá será aumentar su aislamiento”.

 

Conflicto de intereses entre las dos partes, EE.UU.-Europa frente a China-Rusia, y la eficacia de la resolución

En el proceso de formulación del borrador de resolución, salió a la luz un conflicto de intereses entre los principales países interesados. Los editoriales llamaban visiblemente la atención ante este hecho por cuanto ensombrecía la eficacia de los contenidos de la resolución.

 

El editorial del Yomiuri anteriormente mencionado comentaba: “Un borrador de la resolución, compilado por Gran Bretaña, Francia y Alemania, trataba de imponer un embargo a una amplia serie de artículos, prohibir el desplazamiento de todas aquellas personas implicadas en los programas nucleares y de misiles de Irán, así como la congelación de los activos de esas personas y organizaciones. Estados Unidos apoyaba la severidad de este duro borrador. Rusia, en cambio, insistía en que el campo de artículos prohibidos debería reducirse y en que las medidas punitivas deberían ser suprimidas. China se puso del lado de Rusia en este asunto. Los países europeos y Estados Unidos necesitaban que se aprobara una resolución con suma urgencia, de manera que se vieron obligados a transigir y la resolución final quedó reducida a una versión atenuada del borrador. China y Rusia mantienen unas estrechas relaciones con Irán, particularmente en lo relacionado con la construcción de plantas nucleares y la obtención de recursos petrolíferos, de manera que esta línea blanda casi nadie la esperaba. Pero Beijing y Moscú han quedado expuestas a las críticas por haberle restado importancia a la amenaza que plantea el desarrollo nuclear de Teherán para la comunidad internacional al anteponer sus propios intereses económicos”.

 

El editorial del Sankei Shimbun (edición del 26 de diciembre) manifestaba: “Japón ha decidido recientemente reducir sobremanera sus intereses en la explotación del yacimiento petrolífero iraní de Azadegan. Mientras tanto, no obstante, China ha alcanzado supuestamente un acuerdo provisional con Irán para la explotación a gran escala de un yacimiento de gas por valor de unos 2 billones de yenes. Aun cuando éstas son cuestiones de competencia, esta medida egocéntrica de China y Rusia acabará intensificando con el tiempo la desconfianza y las críticas de la comunidad internacional”.

 

Además, el editorial del Nikkei anteriormente mencionado comentaba: “Si Rusia y China se empeñan en seguir con esta actitud de dar mayor importancia a sus propios intereses económicos, estarán enviando un mensaje equivocado a Irán. Para ayudar a que se produzca un cambio en la respuesta de Irán, es fundamental que la comunidad internacional tenga una voluntad diplomática consensuada”.

 

Esperanza e interés por los cambios internos que se están produciendo en Irán

La atención también giraba en torno a los cambios que se están produciendo en la opinión pública de Irán como un factor que podría ejercer una gran influencia sobre el futuro del problema del desarrollo nuclear del país.

 

El editorial del Asahi Shimbun (edición del 26 de diciembre) centraba su atención en este asunto. Observaba: “Los conservadores de línea dura han sufrido varios reveses de consideración en las elecciones, entre los que se incluye la alcaldía de Teherán. Los reformistas del bando de los dos ex presidentes moderados --- Mohammad Khatami y Akbar Hashemi Rafsanjani --- también lograron avances en la Asamblea Iraní de Expertos. Dado que el presidente conservador de línea dura Mahmoud Ahmadinejad tomó posesión del cargo el verano de 2005, Irán ha endurecido su postura de confrontación contra Occidente y se negó a ceder un ápice en su controvertido programa de enriquecimiento de uranio”. Y recordaba el Asahi: “Ahmadinejad ha proferido reiteradamente consignas antiamericanas y antisemíticas en varias de sus declaraciones. Todo esto desafía el sentido común internacional. Creemos que los votantes iraníes finalmente han decidido que ya no podían apoyar a un presidente que no para de avivar el patrioterismo, al mismo tiempo que conduce a la nación hacia el aislamiento de la comunidad internacional”. Y concluía: “La comunidad internacional debería alimentar y apoyar el cambio en ciernes que se está produciendo dentro de la sociedad iraní. Por ese motivo, Estados Unidos debería dejar atrás su política de confrontación con Irán. Para obligar a Irán a cambiar su política nuclear o para lograr la estabilización de Iraq, nada podrá funcionar sin que haya diálogo”.

 

 

 

 

 

 

 

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